Como no solo de correr vive el hombre, y, además, uno de vez en cuando deja entrever la licantropía que lleva dentro, hoy era día para conjuntar ambas aficiones y disfrutar de los efectos que esta luna produce sobre las aguas.Pasarán 21 años, antes de que vuelva a dirigir mis "zapas" ...ejem.. hacia la contemplación de las playas de Bahíñas, Sta. Mª del Mar y Arnao mostrando espléndida y ampliamente sus más o menos dorados arenales, desnudando sus pedreros y dejando en mi memoria imágenes nunca antes disfrutadas y difícilmente olvidables.
Tras el gesto atlético, era el momento de disfrutar del líquido admirado y, así, la gratificante agua de la ducha de la playa de Arnao, con el nordeste por testigo y el umbrío cielo por techo, culminó mi particu
lar pleamar.