Con el fin claramente de boicotear al GRASIAS, la organización decidió posponer otro cuarto de hora el inicio de la prueba, ¡haaaaala!, ¡vaya secañu! Tuvimos tiempo de sobra para saludar a todos los conocidos, los de siempre, vamos, ya que esto de las carreras es como la Fórmula 1 pero en “probe”, en todas las pruebas somos los mismos: la escudería GRASIAS, la escudería OCHOBRE, la escudería CHANWAS…
En media maratón mi marca es de 1:33:10, la cual no corría peligro ya que dado el perfil de Siero, un continuo rompepiernas, como se observa en el gráfico, no es recorrido idóneo para pensar en batir nada; así pues, salí despacio y con la intención de simplemente rodar.
El itinerario hacia La Vega de Sariego es muy guapo, bucólico por momentos (beatus ille), pegados al río Nora, se observan unas verdes colinas suavemente onduladas, unas leves florecillas amarillas muy etéreas, unas cacho vacas más gordas… y con unas cacho manchas blancas y negras…

Los km. discurrían unos más rápidos que otros, dependiendo de si las cuestas eran hacia arriba o hacia abajo, siempre algo por encima de los 4:10 o 4:30; así era imposible prever de ninguna manera el tiempo en meta; menos aun si tenemos en cuenta las dos últimas rampas allá por los km. 19 y 20, sin ningún langostino de Nochebuena ya en la reserva. La línea de meta se hallaba en una larga recta de 600 m. claramente en descenso, así que volví a soltar mi rubia y graciosa melena al viento, apreté el…paso y, siguiendo la estrategia planeada en el chigre, esprinté y esprinté y esprinté y…cual “güevu pintu Kinder sorpresa” de la Pola, al abrir el cronómetro…1:32:49. ¡Toma ya, 21 segundos menos que mi “mmp”!
Tras unos rápidos saludos, unos “¿qué tal te fue?” de la carpa de meta y una ritual ducha, nos dirigimos apresuradamente a la catedral de nuestro deporte, al chigre, donde allí sí que estábamos todos, ¡y es que nada une tanto como una terapéutica residratación!
Al marcharnos, en el coche y en mi blogue sonaba “The boxer” de Simon & Garfunkel.
¿Bajaré de 1:32 en Trubia?



