Tempranito llegué a la capilla de San Antón en Taborneda, no había “gorrillas”, con el fin de ser el primero en profanar el blanco manto de la noche. El termómetro del coche marcaba 3º, pero el viento aullaba o ululaba o pululaba o maullaba, bueno, “auaba” que pelaba mientras procedía a la liturgia de acicalarme para tan importante evento: mallas largas contra el frío; camiseta termonosequé como capa interior; cortavientos para lo que su propio nombre indica; gorro para la cabeza; guantes para donde corresponde; calcetines para los “pieses“; “zapas” de trail con gore-tex impermeables (jo, tenía que haber salido media hora antes de casa); gafas con cristales para la nieve; mp4 con el CD quíntuple de los “Greatest Hits“ de Tamara live; banda pectoral del pulsómetro (me estoy quedando helado); GPS en la muñeca para medir distancias, velocidad, pulsaciones, cronómetro, calorías, altitud, euribor, el precio del calab
Sin más????, comencé la dura ascensión hacia la sierra de Bufarán. En un principio la nieve era escasa y estaba helada, obligándome en muchos momentos a caminar, ya que en las empinadas rampas se patinaba mucho. A medida que la altitud subía, también lo hacía la capa blanca que cubría la pista. Apagué mi mp4 y me dejé llevar por el “chaaasss-chaaaasss-chaaasss” de mis “Salomon” al hundirse en la nieve que ahora ya alcanzaba unos 10 cm. de grosor.
“Al que madruga Dios le ayuda”, y así, tuve la suerte de ser el primero en dejar sus marcas sobre la blanca capa; bueno, el primero no porque había unas huellas que me parecieron de corzo, aunque igual eran de tractor; es que yo de huellas no entiendo mucho.
Llegado a mitad de la ascensión, decidí llanear para rodear el verdadero pico Gorfolí, no el más conocido, que es el Bufarán. El paisaje era espléndido, todo el interior de Asturias se veía blanco. Continué mi recorrido, acompañado por mi “chaaassss-chaaassss” , en medio de profundas y místicas meditaciones filosóficas imbuido por la belleza del entorno: “¡qué guapa es la belleza!…¡qué blanca es la nieve!…¡qué frías tengo las “dedas” gordas de los “pieses”!
Fueron esos malditos “quads” o como se diga los que me abdujeron de mi momento San Juan de la Cruz y me apercibí de qu
Entre malas fotos y fotos malas, entre misticismos y meditaciones de las mías, entre granizadas y patinazos fueron discurriendo los km, iniciando así el peligroso descenso. En un principio, dada la gran cantidad de nieve, no había problema, iba lanzado a toda pastilla y atacando de talón para hundirme en la blanca capa. El problema vino después, en esas últimas rampas del 25% de desnivel, donde el firme era hielo, ya que no acertaba a mantenerme en pie, entre “chiiiiuuuuuu” y “chiiiiiiuuuuuu” poco a poco fui llegando abajo. ¡”Pabemematao”!
Recuperado de los sustos, llegué al coche, en el CD sonaba el “Long cool woman in a black dress” de The Hollies, ¡¿qué mejor manera de finalizar una exquisita, nívea, natural y mística jornada matutina?!
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