
Ha sido necesario que una crisis económica internacional haga temblar los cimientos de nuestra sociedad, que Belén Esteban haya sido llamada por la Fiscalía de menores, que mi compañero Ráfagas haga series, que Berlusconi exponga públicamente su condición de casanova...para que ¡¡¡por fin!!! suba al podio; bueno, subir al podio, lo que se dice subir, no, porque a esas horas en las que se entregan los trofeos todo atleta que se precie lo que tiene que estar haciendo es "residratarse" como Dios manda en el chigre, que es lo que yo estaba haciendo, lógicamente, a la hora en la que fui llamado para recoger el premio correspondiente al cuarto clasificado, sí, otra vez cuarto, en la "Ruta Imperial Tazones-Villaviciosa", de la cual
aquí se pueden observar algunos momentos.
Antes, en una mañana calurosa, calurosa, es decir, que hacía calor, recorrí la docena de kilómetros, o sea 12, que separan la villa marinera de la de la Virgen del Portal siguiendo una estrategia ajedrecística ampliamente debatida en los foros donde técnicamente se diseñan estos asuntos, ¡el chigre, vamos! consistente en subir, ir hacia arriba, más rápido que de costumbre; bajar, esto es, ir hacia abajo, más lento de lo habitual en mí, y llanear, dícese de correr por donde no hay cuestas, "atoapastillarrelativa".
Semejante diseño kafkiano dio sus frutos y, en compañía de Eloy el de la cafetería "Kimpe" de Avilés, fuimos alimentándonos de cadáveres que no hacían sino propiciar nuestro éxito personal. Así, la marca del año anterior, 52:45, quedó mermada hasta un 50:09 que al primo de Usaín Bolt le sabe a sidra Trabanco.
Desde aquí quiero agradecer el incansable apoyo recibido por parte de las autoridades políticas, de Paquirrín y de Georgie Dann, sin quienes este éxito, que solo el paso del tiempo y la historia podrán valorar tal y como se merece, nunca habría podido hacerse realidad.
