Pronto empezó la jornada. A las 06.30 ya sonó el despertador para comprobar que el día era perfecto para correr: calma chicha, temperatura de 10 grados, ligera lluvia... ¡imposible no lograr una buena marca!
Tras la llegada a Anoeta, repaso general de todo lo que hay que llevar en carrera antes de dejar la bolsa en consigna, vale, perfecto, lo tengo todo. Dejo la bolsa. ¡Mierda! Un mes probando los geles en entrenamientos, buscando el más adecuado, el menos pastoso, el menos dulce, el más energético... ¡y me quedan en la bolsa! Bueno, vale, no pasa nada, no vamos a empezar con sensaciones negativas.
Nos dirigimos a la salida, voy a enchufar el GPS... ¡mierda! Aunque no lo necesitaba, ayer lo dejé cargando y ¡no tiene batería! ¡Hala, a correr a ciegas, sin tiempos! Bueeenoooo... vaaaleee.. no pasa naaaaada, no vamos a empezar con sensaciones negativas.
Cuando el pistoletazo de salida suena, el "Highway to hell" de ACDC anima nuestros primeros pasos y me decido a acompañar a Ráfagas por aquello de que tiene un reloj, aunque sea de plástico de los chinos. Pasamos el primer km. a 5'20 y decido que no estoy para arriesgarme con ritmos tan "alocados", así que refreno mis instintos velocísticos.
Van pasando los km. y voy entrando en carrera, mejorando tiempos, bieeeeennnn. En el 10 oteo en la lejanía el atleta escanciador que ornamenta la camiseta de Ráfagas, voy despacio a por él y 2.000 metros después rodamos juntos durante solamente un momento, ya que preferí no descender mi paso. Voy a una media de 5 minutos el kilómetro.
Diviso en la lejanía, en Ondarreta, el globo de 3.30 y decido ir a por él, así ya sé a qué velocidad voy y dejo de buscar relojes por las calles de Donostia. Es incómodo rodar en un grupo tan numeroso de atletas, 200 ó 300, nadie habla... todos jadean... huele a sudor... a vaselina... se cruzan... se paran a repostar... pero sigo con ellos hasta después de pasar el 23 en Anoeta,
Empieza la sorpresa, que no debería de serlo, mi vieja compañera de las maratones, la que siempre me acompaña, mi amiga del maratón de La Coruña... del de Asturias... del de... la ampolla en la planta del pie izquierdo viene a saludarme y a quedarse conmigo. Empiezo a pisar de un lado... del otro... a ver si así.... ¡no! a ver si de la otra manera... ¡tampoco! ¡Mierda! En resumidas cuentas, el globo de 3.30 se va... se va... y me quedan 15.000 metros y una ampolla que se ve que está muy a gusto, debo de tratarla muy bien...
Entre ¡uuuuffes! y ¡puuufffes! van pasando los km., la rodilla izquierda, consecuencia de pisar como puedo, me duele, ¡ostrás que si me duele! Esto ya no es correr, es seguir como puedas. En el 41 me reencuentro con Ráfagas, ni lo veo, se va..... Falta 1 km y la rodilla (¿me vas a dejar ahora tirado? ¿a las puertas del estadio?) ya no responde, bueno, sí, me responde que no puede más. Entro en Anoeta y medio cojeando, medio caminando y medio haciendo como que corro, entro con un crono de 3:33 y pico, que para lo que se terció, psssssaaaa... no estuvo mal.
Pongo a Paquirrín por testigo de que nunca volveré a ver el km. 42, me voy a pasar al 110 metros vallas, que, al fin y al cabo, si me canso, la meta está cerca.
¡Menos mal que en Zaráuz las kokotxas con cigalas las siguen poniendo tan ricas como siempre!
Fotos, vídeos y clasificaciones
Más fotos y más vídeos
Mis fotos
Enhorabuena Esquius.
ResponderEliminar¡Gracias, Carmen!
ResponderEliminarPor las kokotxas que nos comimos en el "Aite Etxe" ¿no?