Sonaba el "Amazing grace" esta mañana en la radio del coche mientras, continuando con la preparación para la maratón de Oporto, Arenesco y yo nos dirigíamos hacia la playa de Navia a fin de recorrer la senda que durante 6,5 km. la une con la de Frexulfe. El tiempo, semicubierto el cielo y con una temperatura deliciosa, iba a acompañar al marino aroma de las algas que se entremezclaba con el que desprendían los eucaliptos. Una suave rampa nos descendía hacia la viva bajamar que moría en los pedreros, su contradicción ascendía el sudor que nos inundaba hacia prados en los que los maizales evitaban la contemplación del mestizaje del campo con la mar. Allá, gozábamos, semiescondida entre los pinos que la pretenden ocultar, disfrutando del acolchado suelo con que nos acogía, de la natural presencia de nuestro destino, la majestuosidad de la playa de Frexulfe. Como no podía ser de otra manera, el "calonín" final supuso la mejor de las metas y es que ¡hasta el agua se hallaba en su justo punto de sal! viernes, 12 de agosto de 2011
IV Alcachofa's summer: playa de Navia - Frexulfe - playa de Navia
Sonaba el "Amazing grace" esta mañana en la radio del coche mientras, continuando con la preparación para la maratón de Oporto, Arenesco y yo nos dirigíamos hacia la playa de Navia a fin de recorrer la senda que durante 6,5 km. la une con la de Frexulfe. El tiempo, semicubierto el cielo y con una temperatura deliciosa, iba a acompañar al marino aroma de las algas que se entremezclaba con el que desprendían los eucaliptos. Una suave rampa nos descendía hacia la viva bajamar que moría en los pedreros, su contradicción ascendía el sudor que nos inundaba hacia prados en los que los maizales evitaban la contemplación del mestizaje del campo con la mar. Allá, gozábamos, semiescondida entre los pinos que la pretenden ocultar, disfrutando del acolchado suelo con que nos acogía, de la natural presencia de nuestro destino, la majestuosidad de la playa de Frexulfe. Como no podía ser de otra manera, el "calonín" final supuso la mejor de las metas y es que ¡hasta el agua se hallaba en su justo punto de sal!
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